martes, 22 de abril de 2014

Dedicar esfuerzo a construir tu propia identidad digital ya no es opcional. Es un acto de pura responsabilidad






La información personal que se mueve en Internet no deja de crecer. Cada día, millones de personas utilizan servicios como redes sociales, foros, páginas de compra, lo que deja un rastro de su actividad, gustos y preferencias, en definitiva de su comportamiento y forma de ser.


La identidad digital hace referencia a la imagen que proyectamos de nosotros mismos a través de los soportes digitales y cómo nos ven los demás. Esta imagen es de gran importancia para todos, tanto si somos usuarios activos de Internet, participando en discusiones, foros, redes sociales o escribiendo en blogs, como si nos limitamos a leer páginas y nada más. Toda esta información amplía el concepto tradicional de identidad y lo lleva a una nueva dimensión. Ya no se trata de una identidad definida por rasgos físicos, ni por documentos que acreditan al portador unas capacidades y le habilitan para realizar ciertas actividades, sino de un concepto más amplio en el que la vida digital enriquece la vida real dando lugar a la Identidad Digital.




La fecha de nacimiento, el lugar donde nacimos, la hora, etc. Sin embargo nuestra identidad digital es mucho más completa. Esto incluye nuestros gustos, aficiones,... también la define todo aquello que nos gusta, como el tipo de música, nuestras películas favoritas, el tipo de comida; todo esto confecciona un mapa de quiénes somos.


El entorno ciertamente es nuevo y trae nuevas reglas. Pero muchos de los principios permanecen. La reputación se construye con esfuerzo y dedicación durante mucho tiempo. Pero se puede arruinar con mayor facilidad y velocidad. La construcción de la propia identidad digital pasa por definir qué, cómo y dónde se va a comunicar en internet. Por conocer y utilizar las diversas herramientas disponibles. Por ir construyendo esa presencia poco a poco. Por hacerlo relacionándote con terceros también presentes en internet. Y también por contar con la opinión que sobre nosotros generarán de forma natural otros fuera de nuestro control. Podemos ayudar a encauzarla, podemos interactuar con ella, podemos incluso contestarla cuando sea claramente falsa. Lo que ya no podemos hacer es ignorarla ni impedir que se publique o que tenga impacto directo en nuestra reputación.


Estar en la Red aumenta nuestra visibilidad, nos aporta una inmensa red de contactos, nos facilita colaboradores, nos ofrece oportunidades profesionales, en definitiva, si sabemos utilizarla no sólo muy positivo estar en ella, sino cada vez más necesario.

Si queremos tener una buena identidad digital debemos estar atentos a cuidar la imagen, aportar contenidos de calidad, tener en cuenta las reglas de urbanidad digital y diferencia entre lo público y lo privado.



Estoy convencido que una gran cantidad de beneficios para nosotros los docentes puede suponer nuestra presencia en las redes, pero no menos importante es, que nuestros alumnos/as puedan cuidar su yo digital, que tengan conciencia de los potenciales riesgos en la red, en la siguiente dirección podemos encontrar unos excelentes consejos para padres y profesores Cómo mantener más seguros a los niños en internet   http://www.missingkids.com/en_US/publications/NC169.pdf




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